Unas calles recién urbanizadas prolongando la alfombra urbana sobre un paisaje amable y delicado, en el que por, aquel entonces, ya avanzaban las primeras construcciones, con su actividad incesante, sus grúas, su acopio de materiales y sus cascos blancos moviéndose de aquí para allá. Una parcela regular, ligeramente curvada en uno de sus extremos, delimitando un terreno con una suave pendiente, en el que la vegetación, ya en retirada, anticipaba un periodo de mudanza.
La invitación, el reto, la promesa… Levantar diez viviendas en hilera. Atendiendo a los desniveles, la inflexión al final, las orientaciones, los vecinos que ya alzaban sus rostros, las vistas que tras ellos se insinuaban y otros asuntos menores como el programa de necesidades, la normativa, los plazos o el rigor presupuestario.
El planteamiento de partida podría resumirse en un esquema en sección. En la planta inferior, semienterrada y abierta al sur, acceso para vehículos, garaje e instalaciones; en la planta intermedia, con acceso peatonal desde el norte, los espacios comunes y una terraza abriéndose hacia el sur; en la planta superior las habitaciones, proyectando sus huecos hacia ambos lados.
Siendo en hilera, las viviendas estaban destinadas a componer un cuerpo edificado continuo. Colocadas en la parcela, éstas reclamaron fragmentarse en tres cuerpos escalonados en planta. Lo suficiente para absorber la inflexión del extremo, lo mínimo para mantener la aparente continuidad del volumen. Las viviendas enmascaran su identidad tras una silueta que las agrupa dos a dos, aportando amplitud aparente a unas crujías ceñidas. De este modo, la imagen del conjunto se sitúa a medio camino entre la rotundidad del bloque compacto y la exaltación individual de cada propiedad.
Desde una perspectiva material, la fachada de cada una de las plantas está rematada de modo diferenciado. El nivel inferior con mortero de cal, el intermedio con ladrillo caravista, el superior con fachada ventilada y panel composite; ofreciendo una transición ascendente desde revestimientos más clásicos y continuos hacia acabados más técnicos y ligeros. De este modo, cada franja con su propia lógica y expresión, aligeran el peso visual, controlan la escala y suavizan el conjunto.
Una mirada más próxima permite apreciar que la combinación de piezas de ladrillo, las sutiles variaciones en algunas hiladas, la disposición de huecos, el despiece de los paneles y otros recursos, aportan diversidad y vibración. Lo que en un primer vistazo parece una sucesión de viviendas iguales, tras unos segundos revela esos pequeños matices que permiten identificar lo particular en lo genérico.
El resultado, una vez interrumpido el ir y venir, amortiguado el ruido, retirados los medios auxiliares, aseadas las superficies y entregadas las llaves a sus moradores, es un nuevo relieve integrado en el más reciente aluvión de promociones en hilera. Su perfil, suavemente angulado, establece un vínculo sutil con el paisaje arbolado que se extiende más allá de su vertiente norte. Paisaje, por otro lado, sabedor de que su momento está por llegar.


