Hace más de medio siglo, Jørn Utzon concibió y construyó en Mallorca una obra que entrelaza dos culturas que, aun perteneciendo al ámbito europeo, hunden sus raíces en tradiciones distintas. Can Lis encarna el valor de la arquitectura como «lugar de encuentro con el otro»: un espacio para la reflexión y el diálogo, donde la diversidad no solo se acepta, sino que se celebra. Un lugar en el que los vínculos culturales se recrean y las fronteras entre identidades disímiles comienzan a desdibujarse.
Pero Can Lis es también un «lugar de encuentro con uno mismo». Un espacio de recogimiento y sanación al que regresamos para reconectar con experiencias primigenias: sensoriales, perceptivas, emocionales, visuales, táctiles. Allí se percibe la comunión con lo absoluto, la identificación silenciosa con las fuerzas vitales y con el espectáculo siempre cambiante de la naturaleza. La casa te envuelve, te cuida, te recuerda tu dimensión espiritual. Su arquitectura te devuelve al mundo con una conciencia más intensa de lo real y, en última instancia, de ti mismo.
Desde estas dos convicciones —el encuentro con el otro y el encuentro con uno mismo— proponemos un trabajo colectivo que nace desde el interior de la casa: desde su atmósfera, su materia y los valores culturales que atesora. Una exploración compartida, tejida a partir del cruce y el mestizaje entre personas de identidades, trayectorias y miradas diversas.
¿Dónde se encuentra el territorio común entre lo individual y lo compartido? ¿De qué modo los afectos, los miedos, las identificaciones colectivas y las emociones configuran nuestra identidad cultural? ¿Es la cultura un conjunto de recursos abiertos que modela nuestro desarrollo más allá del origen? ¿Cómo enmarca la casa la reflexión creativa personal y el diálogo colectivo? ¿Es refugio, es pausa, es revelación? ¿Vemos más gracias a ella, vivimos de otro modo en su interior? ¿Qué eco deja en nosotros cuando la abandonamos?
Nosotros, los anfitriones —cuatro arquitectos de procedencias y trayectorias diversas— asumimos el papel de propiciar los encuentros, activar el diálogo y acompañar el proceso creativo. Ellos, los invitados —artistas de disciplinas variadas— asumen la tarea de producir una obra inspirada o provocada durante su estancia en la casa. Juntos, sostenemos un diálogo colectivo que será registrado, transcrito y editado.
